El pesar y la agonía de buscar a un hijo perdido

Domingo 24 de marzo de 2013 | 02:00hs.

“No fue un abrazo. Fue un choque. Llorábamos. No hablábamos. Él vino corriendo hacia mí. Era muy fuerte volver a ver a mi hijo”. La frase corresponde a Silvina Sapiraín, mamá de Paul, el pequeño travieso que desapareció por un año y nueve meses, de enero de 2011 a octubre de 2012.

El caso de Paul integró el Registro Provincial de Información de Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes Extraviados, del Ministerio de Derechos Humanos de la Provincia de Misiones; y es uno de los más recordados.


Evidentemente más tranquila que hace un tiempo, Silvina accedió a contar la historia de la desaparición y reencuentro con su hijo. Paul es el más chico de cinco hijos. Sus travesuras arrancaron de muy chico.

Poco después de separarse, Silvina y sus cinco hijos se vinieron a Misiones, más concretamente a lo de su mamá, que la recibió. Pero no todo fue color de rosa. Silvina no conseguía trabajo, y su vida se tornaba más difícil. Comenzó a trabajar por temporadas en Buenos Aires, por lo que se iba un tiempo, y después volvía. Durante una de estas temporadas, los niños quedaron con la abuela, llegó a sus oídos que se encontraban trabajando en la calle, vendiendo flores y pidiendo monedas. Todo esto, regenteado por la abuela, mamá de Silvina.  Poco después, habiendo cortado relaciones con su madre y ya instalada en una casita de Iprodha, la mujer pudo seguir adelante aunque reconoce que sus hijos varones se les iban de las manos.

“Y a partir de ahí los dos varones, actualmente con 17 y 12, se me empezaron a escapar. En ese tiempo Paul tenía entre 7 y 8 años, y Nelson, el mayor, tenía 10, 11 años. Les puse límites, pero como no estaba prácticamente, hacían lo que querían. Fueron dos años de que se me escapaban, salía y los buscaba. Yo recorría hogares, juzgados, pedía ayuda en algún colegio para contenerlos a mis varones. Veía que se me descarrilaban. Las nenas estaban bien contenidas, pero los varones lo tomaron como aventura. Venían al centro, pedían y tenían su plata. Yo venía, les retaba, los llevaba a casa con un tirón de oreja. Pero les empezó a gustar la plata, porque todo el mundo le daba. No dejaron la escuela, yo los llevaba. Aunque faltaban mucho porque se me escapaban. Pero nunca abandonaron la escuela”, señaló Silvina.

Recordó que poco después Nelson, el mayor, “se empezó a quedar en casa. Pero se escapaba Paul. No pude manejarlo. No sabía qué hacer con él. Tenía problemas de conducta en la escuela, le pegaba a la maestra, a los compañeros. Lo llevé a tratamiento psicológico en la escuela especial Nº2, allí lo traté un año”.

Un día laboral Silvina llega a su hogar y le dicen que Paul se escapó. “Como era cotidiano, venía al centro, preguntaba, pero Paul ya jugaba al gato y al ratón conmigo. De una esquina se escondía a la otra, me tenía así por toda la zona céntrica. Después ya me dijeron que se fue de acá, que andaba por Candelaria, después por el barrio El Acuerdo, Garupá, y después le perdí el rastro.  Él se me escapó en enero de 2011, casi dos años le estuve buscando. Lo recuperé en octubre de 2012. Él anduvo en la calle acá en Posadas entre dos y tres meses. Me decían que lo veían en la calle. Yo sabía hasta con quien andaba. Desde enero hasta marzo más o menos. Después ya no lo vieron más. Ahí empezó mi búsqueda real. Fui a los juzgados, era renegar todo el tiempo. No hay por donde no anduve. Me acuerdo de toda esa situación, un desastre, no me dejó muy bien. Un año y nueve meses deambulé buscando ayuda, no van a decir que no anduve, que no toqué puertas, porque no hay por donde no anduve” cuenta la madre desesperada.

Recorrió oficinas, ministerios, fuerzas de seguridad. “Sufrí mucho manoseo por parte de la justicia, la pasé muy mal. Por un lado pienso que por ahí puede ser por discriminación, ya que en todas las comisarías conocen a mi familia por diferentes hechos. Yo tengo el mismo apellido, pienso que puede ser por ese lado, nadie me escuchó. Los nervios que pasé no me los quita nadie. Iba a un lugar y me mandaban a otro, era como que se pasaban la pelota para todos lados”, dijo.

Incluso, en una oportunidad, Silvina acudió a hablar con una jueza por avenida Uruguay, “y me dijo que era mi culpa que mi hijo se perdió, porque yo no publiqué la foto en ningún lado. Que yo tenía que empapelar la ciudad con la cara de mi hijo. Yo le dije ‘¿pero usted sabe mi situación económica? Yo necesito ayuda, no es así nomás’. Y ella me dice ‘con cien pesos vos sacás fotocopias y pegás por todos lados’. No empapelo la ciudad con cien pesos. Yo necesito un organismo que me ayude a empapelar la ciudad. Me dio tanta bronca que me diga así. Estuve a punto de perder la cordura y pegarle, más o menos, pero iba a quedar yo como la loca”, indicó.

Recordó que ese último tiempo pensó ir a instalarse a Buenos Aires, “lo planifiqué todo, ir a trabajar, juntar plata, quedarme allá un tiempo, alquilarme algo y recorrer los medios donde me abran las puertas buscando a mi hijo. Porque acá no podía más. Iba a ir a Derechos Humanos de Buenos Aires. Acá, no tenía respuestas”, expresó.

La cara de Paul estuvo plasmada en la parte trasera de los colectivos alrededor de 6 meses, lo que ayudó mucho en su búsqueda. Siempre la llamaban los de Missing Children, para seguir el caso.

En ese interín, cuando ya lo había planeado todo para irse, le llega la noticia de que Paul apareció. Estaba en Santo Tomé, Corrientes, en un hogar de niños. “Sé que avisaron al Registro de Buenos Aires, y de ahí, avisaron acá. Cuando me dijeron casi me muero. Les pedí que si me estaban mintiendo no me hagan esa broma, porque ya tuve varias falsas alarmas, que me hicieron mal, porque iba y no era”, apuntó.

El llamado fue de Marina Rojas, la abogada que trabaja con Álvarez en el Registro. “Ellos me consiguieron el vehículo, me llevaron, me acompañaron. Y ese momento no se puede explicar. Le vi a Paul y ni nos hablamos, ni nos saludamos. Así fue un choque. Me abrazó, corrió a abrazarme y  lloraba. Y no podía hablar. Él no hablaba, yo no hablaba, sólo llorábamos. No hablamos casi nada. Era sólo llanto. Él no sabía nada (que se lo buscaba). Estaba sorprendido. Yo noté mucho cambio en él. Él era un chico terrible, extrovertido, hablador, no tenía miedo de decir nada. Yo en ese momento lo encontré muy sumiso, callado, lo encontré distinto, no era el hijo que yo había perdido. Pero estaba más grande también, y estuvo mucho tiempo lejos”, dijo la madre.

En esos momentos, a Silvina se le vinieron un montón de imágenes a la cabeza. Como cuando llevó a sus dos varones a intentar incorporarlos en el instituto de Parada Leis, y que debió volver derrotada luego de que Paul golpeara a varios niños. Y la impotencia y el arrepentimiento de haber llegado a atarlo con cadenas por casi una semana para evitar que se escapara e hiciera de las suyas. Son cuadros imborrables para una madre luchadora que hizo lo que pudo, y lo sigue haciendo, para salir adelante sola con sus hijos. Pero en ese momento nada fue suficiente. Hoy,  a cinco meses de haberse reencontrado con Paul, Silvina está tranquila. Sabe donde y cómo está su hijo, y si bien le gustaría tenerlo con ella, también conoce su realidad y sabe que es difícil contener a Paul. Además, desde el Juzgado de Santo Tomé le pidieron que se sometiera a un tratamiento psicológico debido a todo lo que había pasado Silvina, tras su separación.

Hoy, el trato madre e hijo es fluido. “Ahora él me manda mensajes todo el tiempo. Me dice ‘mamá te quiero mucho’, o me dice ‘mami apuráte a hacer el tratamiento psicológico así me llevás’”, dice sonriente a la vez que cuenta que pregunta por sus hermanos.

 

Una base de datos


El Registro Provincial de Información de Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes Extraviados. Forma parte del Ministerio de Derechos Humanos de la Provincia de Misiones. Está dirigido por  Néstor Álvarez, y se creó por una ley  provincial en 2009. Empieza a funcionar en 2010.

En la actualidad, hay 52 menores extraviados en Misiones, en situación de buscados. De ellos, 30 son de Posadas. Haciendo caso a la estadística, son 17 varones y 35 mujeres.

“Recién en 2011 arranca, se asignan personas, en un principio estuvo la antropóloga Alejandra Larumbe, y después Marina Rojas, que es abogada, estuvieron trabajando entre el 2011 hasta mayo del 2012, cuando me hago cargo yo por designación del ministro Soria Vieta”, explicó su titular Néstor Álvarez.

Durante todo el 2012, el registro se abocó al ordenamiento de la estadística. Tiene varios objetivos, pero el básico es tener una base de datos ordenada, organizada, dinámica, actualizada de la cantidad de niños denunciados como extraviados en toda la provincia de Misiones. Muchos expedientes cuentan con foto, pero muchos otros no, por lo que la identificación se dificulta un poco más.

“Actualmente, esa base de datos la podemos consultar por localidad, por sexo, por edad, allí va el registro por nombre y apellido, por supuesto. Nosotros demandamos mucha información, pero no toda la información está asentada porque generalmente utilizamos las denuncias de la comisaría. Así construimos la base de datos. Recibimos denuncias que no están asentadas en la policía, pero lo que siempre tratamos de alentar es que vayan a la policía, los derivamos directamente”, señaló.

Asimismo, Álvarez contó que “cuando vienen directamente a nosotros, los registramos, pero no en una base formal. Tomamos nota y tratamos de que vayan a hacer la denuncia. La base de datos del Registro Provincial es de información, contamos con la información de la cantidad de niños que fueron denunciados como extraviados. En las localidades donde hay Comisaría de la Mujer se reciben la mayoría de las denuncias”.

Asimismo, Álvarez aclaró que no hacen búsquedas particulares, o seguimientos. “Hacemos búsquedas mediáticas, a través de afiches, telefónicas, hacemos seguimiento de casos”, dijo.

El proceso consiste en que “la policía nos remite una nota oficial, donde constan los datos del niño extraviado y del denunciante,  que generalmente es la madre, en su defecto el padre, pero no lo hacen otros parientes. Nosotros dependemos de esa información para actualizar nuestra base de datos, y a veces esa información no llega rápido, y a veces no llega nunca. Hay en ese sentido todavía un desfasaje que todo el año pasado estuvimos tratando de subsanar con reuniones con la policía, y otras autoridades funcionales, y les explicamos que nosotros necesitamos esa información actualizada para poder tener nosotros también un registro actualizado de niños extraviados en Misiones, porque eso también nos sirve para intercambiar información a nivel Nación. Nosotros remitimos información al Registro Nacional de Niños Extraviados, y ellos a su vez nos apoyan a nosotros en campañas de búsqueda en un nivel nacional. De hecho Nación tiene dos encargadas de la región Nea,  que incluye a Misiones, Chaco, Corrientes y Formosa. Con ellas estamos permanentemente en contacto telefónico, o via correo electrónico”, subrayó.

Afirmó que esa información es vital para la base de datos, pero no se ha logrado una conciencia al 100% de la importancia de remitir las notas al Registro, “pero sí hemos mejorado muchísimo para lo que estábamos, y recibimos mucho más fluida la información”, indicó.

 

Las chicas, más


Una vez recibida la denuncia en cuestión, la Policía se toma unos días antes de cursar las notas, tanto al Registro Provincial como a los juzgados. Lo consideran un tiempo prudencial.  Por experiencia advierten que una chica que se va de su casa, pasan dos o tres días y vuelven a la casa. “Y esto es así por suerte, por otra parte.  Y además, son más las adolescentes denunciadas como extraviadas que los varones”, comentó Álvarez.

“La lectura más sociológica o cultural es que las chicas tienen que estar en la casa, pero que si el varón se ausenta un par de días no pasa nada, porque uno estima que está bien, o que se arregla solo, o que se sabe defender. Pero cuando la chica no vuelve hay como una alarma. Y también se sabe que muchas de estas chicas se van, e incluso muchos varones, enojados por alguna pelea o algún desacuerdo con los padres. En principio es eso lo que más pasa; pero también ocurre que son violentadas física e incluso sexualmente, y llega un momento en que no pueden soportar eso y prefieren estar en la calle o en la casa de otro que en su propia casa. Y los padres saben esto, y muchas veces no declaran esto en la denuncia”, declaró.

Entre la denuncia de la madre y la remisión de la nota al Registro pasan unos días. Y muchas veces se realiza la denuncia, pero unos días después la madre va y dice que el chico ya está en la casa, y el Registro ni siquiera se entera. Hay muchas denuncias que caen mucho antes de que lleguen al Registro.

“Otro problema con la estadística que tenemos es que las denuncias se hacen rápido, pero cuando la chica o el chico vuelve a la casa, los padres no vuelven a la comisaría a decirlo. Entonces hay muchas búsquedas prácticamente inútiles. Ese es otro trabajo  que hicimos el año pasado de chequear por teléfono a las comisarías, preguntábamos caso por caso, cotejábamos la lista que nosotros tenemos en Fátima, en Oberá, en Eldorado, para que nos digan si todavía siguen siendo buscados, si alguno fue encontrado, o si hay algunos nuevos. Y con eso pudimos actualizar bastante a fin del año pasado”.


El caso de Sebastián


El pequeño Sebastián (12) se perdió el  18 de julio de 2012. Su mamá adoptiva, Lucía Pluhator, movió cielo y tierra por encontrarlo. Ella lo conocía muy bien, lo crió desde los 6 meses, y sabía que él no era capaz de desaparecer así como así. Lo cierto es que, de un día para otro, pareciera que a Seba “se lo había tragado la tierra”.

“Fueron momentos muy difíciles para mí. Iba a Prefectura, Gendarmería, Policía, Comisaría de la Mujer, y hasta Interpol, pero nadie me daba noticias de mi hijo”, expresó recordando el momento Lucía.

Pero en la noche del 24 de diciembre último, a las 23.30 suena el teléfono y del otro lado escucha “hola mami, soy Seba, quédate tranquila que estoy acá en Rio Gallegos, con la Magalí”, en referencia a su mamá biológica. Lucía le pregunta si estaba bien, y el pequeño le contesta “y… sí”, dos palabras más y corta. “Yo lo conozco, me di cuenta de su expresión, pero no puedo hacer nada más”, afirmó Lucía poniendo fin, de alguna manera, a cinco meses de angustia.

 

¿Qué pasa cuando alguien dice que vio a un chico extraviado?


En el registro existe un protocolo de actuación inmediata. “Nos ponemos en contacto telefónico directo con la Dirección de Niñez e Infancia de la provincia, la doctora Fabiana Basante, y allí si cuentan con mecanismos institucionales y legales para actuar inmediatamente. Ella directamente se comunica con el juez, y sobre todo con el defensor de turno de familia y niñez, y también con la Policía y Gendarmería. Ella tiene  las vías directas, digamos. Funcionamos como un nexo, no tenemos una jerarquía institucional como para llamar y actuar”, explicó Álvarez.

En ese  llamado a la Dirección de Niñez e infancia se pasan todos los datos que se tenga del caso. Y ellos institucionalmente se relacionan con la familia, que muchas veces es muy difícil porque no hay manera de comunicarse telefónicamente, o no hay una dirección precisa.

“Nosotros avisamos, pero no podemos hacer un allanamiento. Nuestras acciones son limitadas y lentas para la urgencia que tienen los padres”, afirmó.

“Una vez que tenemos el dato de que el niño fue visto, inmediatamente se libra este proceso. Allí en la Dirección de Niñez e Infancia cuentan con un equipo interdisciplinario y cuentan además con recursos para salir a la calle y contener al chico, y hacer un trabajo de conexión y revinculación con la familia. Se ubica a los padres, hay psicólogos y trabajadores sociales que pueden hacer ese nexo.  Porque la mayoría de los chicos que se van lo hacen por problemas de violencia, o por algún desacuerdo, y eso si no es mediado, es probable que se repita la situación, que se multipliquen los desacuerdos o la violencia, y que el pequeño vuelva a irse”, puntualizó.

Asimismo, Álvarez dijo que se han encontrado muchos chicos ya, “no lo diría a instancias del Registro, pero sí colaboramos en la búsqueda, difundimos a través de medios de prensa on line, impresos, en canal 12, enviamos masivamente desde nuestro correo electrónico a todos los medios periodísticos, como también imprimimos afiches para la difusión”.

Fue el caso de Paul Sapirain, cuyo rostro estuvo en las lunetas de los colectivos y afiches, y así logró ser reconocido por un transeúnte ocasional que dio aviso. “De él no teníamos una foto nítida actualizada, entonces hubo que hacer unos trabajos de edición, su rostro estaba oscuro sobre un fondo mucho más oscuro. Pero de hecho lo reconocieron”, recordó Álvarez.

“Nosotros como Registro de Misiones queremos que Paul esté en la provincia, para analizar una vinculación con la familia y se pueda evaluar realmente las posibilidades de volver a la casa. Porque estando en Santo Tomé nosotros no podemos hacer una revinculación”, señaló Álvarez.

En este sentido, el titular del Registro se refirió a casos de desatención como una constante, “la contención afectiva  y económica falla. Los chicos que se van por estas carencias. Y creo que va sumando: cuando hay carencia económica todo empieza a deteriorarse, las relaciones tanto afectivas, sociales, de integración en el barrio, en la escuela, la selección de amigos, entre los hermanos”, resumió.

No obstante, el registro no tiene ya incumbencia directa en los casos una vez solucionados, encontrados los menores. El accionar llega hasta que se los encuentra y se los vincula a la familia. A partir de ahí deberían intervenir los de Desarrollo Social o del Hogar de Día, u otras instituciones.

 

Capítulo aparte: Los padres


El vacío de un padre que, de un día para otro, pierde el rastro de su hijo no tiene nombre. La desesperación los lleva a hacer cosas extremas. No hay puntos medios. Cada pista es una esperanza. Y, muchas veces, la burocracia de las instituciones entorpecen su búsqueda. Es inútil pedir paciencia a una mamá desesperada. Y rara vez estas instituciones particulares cuentan con un cuerpo interdisciplinario de contención.

Si bien el Registro hace su búsqueda mediática, la policía también hace su rastreo y los padres también, hacen búsqueda tipo redes. Hay padres que cobran protagonismo. Muchos de estos chicos denunciados como extraviados fueron encontrados inmediatamente.

“Pero también hay que decir que hay algunos que  hace dos o tres años desaparecieron, como por ejemplo Edgard Salazar, que es de acá de Posadas. El padre vino muchas veces a charlar con nosotros, a preguntar cómo va la búsqueda, que él quiere hacer algo,  quería vender un terreno para irse a Buenos Aires, porque le dijeron que allá está Edgard. Puede ser, pero no había ninguna prueba de que así fuera. Nosotros le aconsejamos de que si no tiene una información fehaciente no arriesgue tanto. De hecho por ese caso nosotros tenemos una interconsulta con el Registro Nacional, y ellos también hacen su búsqueda”, remarcó Álvarez.

Se hace lo que está legalmente permitido dentro de estos organismos. Aunque es perfectamente entendible que hay madres desesperadas que se acercan al Registro y piden que vayan con un auto a tal lugar, porque parece que allí estaba el hijo. “Y que bajemos y vayamos a confirmar. Nosotros no podemos hacer eso legalmente. Y nos venían a pedir a nosotros porque la policía no lo hace. Son madres o padres desesperados que  tienen alguna información y quieren hacer algo, y la verdad es que estamos limitados, ahí no podemos hacer nada. Lo que nosotros podemos hacer es dar aviso a la policía. Ellos actúan, pero no de manera inmediata, no tipo comando. Sí hay un registro, una rutina de recorrido. Pero no hacen tipo asalto comando, que es lo que pedía esta mamá”.


Por Mercedes Berón